¿Como no adorarla? Era una visión abrumadora, su rostro a la luz de la luna parecía esculpido por los mismos ángeles, sus ojos capaces de enloquecer a un filósofo o capaces de amansar a un asesino, con las pupilas inyectadas de miel, de un amarillo fulguroso enmarcado por un abanico de pestañas negras, largas y rizadas. Era hipnotizante. Sus labios, secos tal vez por la espera ya sin rastro de maquillaje, ya sin rastro de palabras yacían entre abiertos, cubriendo y descubriendo a la vez una dentadura perfectamente alineada, su piel morena relucía como madera ante el rayo de luz que se filtraba por la ventana, su cuerpo del mismo tono de su piel, sin rastro alguno de imperfecciones estaba forrado por un vestido negro, el cual era tan elegante como su misma aura. Su cabello estaba recogido y sobresalían de ella unos mechones desarreglados a propósito, como quien procura salir a la calle recién despertado pero tratando de no despertar sospechas acerca de ello. Con ese gesto atolondrado, con esa picardía de niña de 6 años.¿Quién podía ser el centro de mi mundo, si no ella? ¿A donde dirigiría mi nave cuando ella partiera? No sabia bien que hacia ahí, ni por que a pesar de tanto dolor me seguía inclinando hacia su lado. Su postura era soberbia, pero esa mirada, esa maldita mirada que me hechizaba, me hizo seguir el rastro de ese brillo que la envolvía hasta llegar a ella, al verme esbozó esa sonrisa, tan característicamente suya. ¡Ni la más hermosa pintura competiría con eso! Yo, con un caminar pausado, arrastrando los zapatos, desgastado, más recobrando la energía al verla, así se iban mis días, sin verla eran agonía. Portaba un traje más o menos elegante, ¿Que mas daba? Ella afirmó un sinfín de veces que ni aunque un ángel del cielo bajara, el mas hermoso de Dios, y la cortejara ella iba a dejar de amarme, por que el destino nos había unido, y por que no había nada en el mundo mas certero que eso. Tenia un pantalón negro, con diminutas líneas verticales blancas, con un saco a juego, una camisa blanca que venia ya sin fajar, una rosa decoraba mi saco y un sombrero a juego, mi cabeza.Acarició mi cara y me miró, me quitó el sombrero-Has venido-Que iba a hacer si no?-Hace una semana…no tienes idea de lo que he sentido, yo te he esperado, fiel como siempre, fiel en esta ventana, y tu no has llegado, pero Oh, cielo, se que eso no es tu culpa, cuéntame ¿Que te han hecho? ¿Que ha pasado que te has demorado? O es que acaso te has…olvidado –titubeó ante la imposibilidad de su frase, soltó una risita sutil y continuó- no…claro que no es así, dime, que ha pasado? -Eva –entrecerré los ojos, no soportaba hacerla dudar- sabes que tu pregunta es infructuosa, sabes que tus suposiciones son ciertas, esta semana no he soñado nada, he estado perdido, pareció que el humo del ultimo cigarrillo se haya quedado en mi garganta, me sentí ahogado, sofocado! No ha sido mi culpa, y esta noche vengo a decirte amor mío, que no soportaré estar distante una sola vez mas, ya es tan amargo el suplicio de no verte, es tan pesada la carga de tu sufrimiento al no estar conmigo, traté de explicárselos Eva, pero no entendieron, no me dejan ver tu rostro, esta noche lo logré, pero en algún momento tendré que irme…Puso un dedo sobre mis labios y a continuación me besó, esa calidez que me inundaba al tener sus labios sobre los míos, acaricié su cabello, no había rastro de pasión alguno, era una ternura cegadora, que inundaba mi alma y mi espíritu-Sabes, sabes bien que yo nunca te obligaré a estar conmigo, pero es lo que mas deseo en este mundo, y si he de ser un poco egoísta para lograrlo, que Dios se apiade de mi. Pasamos toda la noche juntos, reafirmando promesas, reavivando recuerdos, siempre protegiéndonos, siempre amándonos, estaba seguro de que esa seria la ultima noche que pasaría sin ella, desde que la había conocido, esos recuerdos tan nítidos que siempre atiborraban mi mente llenándome de felicidad.
Era una tarde de verano en París, fui a visitar a mi madre, entre los árboles rodeantes de la imponente Torre Eiffel sobrevolaban golondrinas y unas que otras recibían las migajas de pan que algún solidario compartía con ellas. Al llegar a mi destino conversé un rato con ella, le había llevado flores y cuando consideré prudente la hora de irme, ahí estaba Eva, con sus ojos clavados en mí, fue algo mas que Amor a primera vista, desde ese día hasta hoy la dicha de estar a su lado es aun mi razón de existir, jamás me arrepentiré de haberle hablado. La invité a tomar un café al Louvre y nuestras vidas se unieron para no separarse jamás, así pasó Agosto, con sus soles naranjas, a Septiembre con sus lluvias nocturnas donde los dos nos acurrucábamos en una ventana a contemplar las gotas caer, concluyó Octubre, Noviembre y el nevado Diciembre, empezó Enero, nos amábamos más aún en Febrero, y Marzo, Abril, Mayo, Junio, Julio…y un año terminó. Creí que era prudente llevarla a celebrar, cenamos en un elegante restaurante y esa noche negra, de un callejón salieron 4 hombres;
El dolor me cegó, me enloqueció, la culpa me carcomía, y ahí, en las sombras descubrí como volver a verla, encontrarla en mis sueños era tan renuente, era tan real, llegaría a las ultimas consecuencias para volver a estar con ella, y esta noche la decisión estaba tomada, la amaba ardientemente, era una capa de fuego que envolvía mi corazón de manera inexplicable, era también todo lo que ella había depositado en mi, por que ella me correspondía, siempre estaba conmigo, podía sentirlo, a veces pensaba en arrancarme el corazón durante el día para no sufrir, pero sabia que ese corazón era de ella, y no podía cometer un desaire de ese tamaño, en fin. Todo estaba dicho. El destino había jugado su carta, y era tiempo de la mía.El comandante Gobier, con expresión inescrutable hacia algunas notas con un bolígrafo, daba vueltas por su estudio, y se quitaba y ponía el sombrero de copa mediana que colgaba de su perchero. -He aquí el informe señor –anunció un muchacho menudo y desprolijo- con su permiso.
“David Courie.- Encontrado en el piso del ala norte del psiquiátrico St. Marie, revelando el estudio forense que consumió .30 gr de cianuro, el cual el origen es desconocido, no se han encontrado rastros de violencia física o trauma alguno por lo que se descarta un homicidio, pero un detalle desconfecciona los hechos: En el cuello del hombre hay una marca de pintura para labios. Los archivos con corte de paciente indican que el hombre padecía esquizofrenia, dormía mas o menos 20 horas al día y se flagelaba el nombre de Eva en piernas y brazos, se creía que el labial podía pertenecerle pero ella yace en el cementerio Pere Lachaise, junto a la madre del occiso, aun se investiga la relación de los hechos”
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