Comenzar a escribir es hacer que a los pensamientos les salgan alas. Uno escribe lo que quiere, pero lo que en verdad se busca es hacer llegar a un corazón más lejano que lo que un mapa sugiere el producto de la mitosis de nuestro sentir.
Aquella fotocopiadora invisible de sentimientos que se abriga en cada uno de nosotros, desgraciadamente escribir es para mí casi siempre la manera de que todos sepan lo que quiero decir, menos el destinatario.
Hace algunos años el miedo que se califica como natural, ese al coco, ese a la bruja, ese miedo se albergó en mi vientre. Ahora ya no tengo miedo a cosas tan certeras como el inminente regreso de la muerte, ahora más bien le tengo miedo a la vida.
Todos los días despierto dando mis más sinceras gracias a eso que hay más allá, que no sé que es, pero que existe y lo puedo sentir, y todos los días siento que me enamoro de algo, de alguien. A veces es de un texto, de una palabra, de una nota, de un acorde, de una textura, de las sábanas que arrugamos en aquel cuarto de hotel, de todo eso me enamoro.
A veces me da por odiar, me dá por odiar tu mirada de aquél día, me dá por odiar hasta a mi sombra, porque aun me queda un orgullo -siete veces siete pisoteado, pero en pie- que no me permite odiarme a mi misma.
Escribir entonces, no es cuestión de saber, si no de sentir. De que las palabras le hagan el amor a tu corazón, acaricien amores pasados, rencores, amarguras agrías como el limón que sazonó los días felices. Y para sentir no hay edad, para amar mucho menos.
Y entonces dirán todos que para escribir hay que estar enamorada. Y según todos y según yo asi debe de ser. Enamorada de la vida y enamorada de mi incertidumbre he logrado mis micro triunfos.
Un hombre algún dia llegará, de eso estoy segura, que va a hacer que escriba los más confusos y tormentosos versos, porque si en algo se basa mi escritura es en la certeza de que el amor a mi no me va a llegar con el suficiente tiempo para asimilar que ya se está yendo.
Y deshilachando las hebras de mis sesos en forma de adiós, escriban ausentes lectores, cosámonos la boca y escríbamos, porque con la mente se habla mejor que con la lengua.
Debió ser un prólogo, pero hoy es una entrada más; Para quien lo quiera leer.
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