"Cuando somos pequeños, admiramos a nuestros padres; Mientras crecemos los juzgamos, y rara vez los perdonamos"
Cuando era pequeña y no comprendía porque mi papá se había ido, la vida dió vueltas no precisamente en mi destino, si no más bien en el de mi entorno, al que más tarde y naturalmente haría parte de mí.
Cuando comencé a crecer había un señor al lado de mi mamá.
Un gordito bonachón, güerito como el solo, con bigotito arriba de la boca. Él para mí es mi papá, mudamente me lo pidió, más bien, mudamente lo logró.
Eran buenos tiempos cuando íbamos a la alameda los domingos por la mañana, y me montabas en una bicicleta. Desde ahí querias lo mejor para mí. La vida se puede resumir a ese momento, asi ha sido siempre, solamente cambiando la alameda por el destino mismo.
Tú detrás de mí, animándome a arriesgarme, pero confíando en mí.
¿Sabes? Con el tiempo las cosas se comenzaron a poner difíciles. Hay muchas diferencias hoy en día entre tu y yo. Hemos pasado ya muchos años sin charlas como las de antes, quizá porque en aquellos ayeres era yo más prudente, más sensata y más dócil. Durante todo éste tiempo los dos nos hemos distanciado, y no vale la pena ya hablar de eso, ni tampoco de como lo vamos a solucionar, simplemente por éste día te quiero dedicar un Te amo.
Siento tantas gracias que no me caben en la boca. Y no creas que lo digo solo por decir, pero se ha vuelto muy complicado para mí decir lo que siento, a veces me es más fácil así porque evito que se me quiebre la voz mientras te digo papito, te quiero mucho.
Sábelo siempre. Si nadie es perfecto yo soy la menos. Pero lo puedo decir, nadie dijo que no. Ténlo en cuenta, cada triunfo mío vá dedicado a tí y a mi mamá. Porque en mí hay más de tí de lo que te puedas imaginar. Pasatela muy bien hoy, un abrazo.
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