Es también como cuándo los problemas no existían, como cuando tu preocupación más grande era que la vecina amargada no te quisiera regresar el balón, cuando las groserías más grandes eran las palabras suaves de hoy. Cuando fumar y tomar te parecía lo más asqueroso del mundo y no sé cuántos habremos repetido que nunca lo haríamos cuando crecíeramos. Cuando tu papá era un héroe y todo lo inimaginable era posible con él. Cuando mamá era una heroína por razones totalmente diferentes a las que la hacen una heroína hoy. Cuando podías pasar horas en bicicleta sin cansarte y cuando los besos daban asco. Eran aquellos días en los que la lluvia nunca daba tos y los modales no existían. Cuando el miedo era al coco o al ropavejero y no existían esas penas que te oprimen el corazón hasta hacértelo chiquito. Tus mejores amigos eran la mitad de las personas a las que conocías y todavía pensabas que los familiares que te regalaban ropa eran una basura. Esos días en que los emparedados eran la comida más nutritiva y los Looney Toones la caricatura más fabulosa del mundo.
La vida no se podía complicar, y no por que ahora así sea, si no porque antes no había otra alternativa aparte de ser felíz.
Ya que hemos crecido, y hemos dejado atrás tanta inocencia, ese día aparecen otros caminos, y entonces podemos voltear y ver cuáles hemos elegido, pero muy en el fondo seguimos en el cauce de la simplicidad, de saber que pase lo que pase mamá siempre va a estar ahí para besar la herida, esté donde esté ella. Para saber que un abrazo es igual de placentero que el dia de Reyes o que una traición duele lo mismo que antes la ley del hielo.
Seguimos siendo niños, seguimos estando asustados ante las cosas peligrosas y seguimos siendo audaces para afrontarlas. Nunca olvidemos eso, porque no importa ser tildados de bobos, inmaduroz, todos, muy dentro, seguimos siendo niños.
:')
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